En mi adolescencia, no contemplaba el elefante en la habitación, me encontraba totalmente ensimismado en mi faceta como curioso científico/ingeniero, ignorando el proceso que ha sido capaz de quitar de la pobreza a miles de millones de personas alrededor del mundo.
El mundo académico, no se toma el tiempo de explicar a sus integrantes cómo funciona el mercado en sus bases más profundas. Los docentes se encuentran sesgados hacia un resentimiento y odio al capitalismo debido a una frustración interna en donde emanan los más bajos sentimientos de impotencia e inseguridad:
Creen que no son recompensados con lo que deberían.
Esto, es un error gigantesco de apreciación en lo relacionado a cómo fluye el valor (dinero) dentro de una sociedad civilizada. Los científicos normalmente crecen en un entorno en donde toman por sentado una recompensa por lograr un objetivo propuesto por ellos mismos, es decir, al satisfacer metas personales... pero, esto es un error. En el mercado se recompensa a las personas que mejor satisfagan los intereses del grueso de la población y esto no necesariamente (gracias al Dios) coincide con los intereses del científico de turno.
Uno puede dedicar el 80% de su tiempo en su investigación acerca de las características sociológicas de la sociedad paraguaya en el siglo XIX. Si bien este tema puede resultar interesante para mí, no lo es para el público masivo inmediato... además, capitalizar esta información en un bien o servicio en el corto plazo es algo que requiere una perspectiva diferente más allá de los criterios estéticos del interesado en cuestión en saciar un capricho intelectual. Sumado a esto, tenemos a la idiosincracia paraguaya, en donde las posibilidades se ven aún más reducidas debido a que la población promedio no tiene una cultura de lectura muy asentada y mucho menos en temas sociológicos. Para el investigador que solo cree que publicando sus resultados en un paper va a lograr un alcance masivo, está ignorando variables que para un vendedor de panchos resultan totalmente obvias.
Sumado a la ignorancia voluntaria de los intelectuales y sus aspirantes al proceso de mercado, se puede agregar la arrogancia que poseen en no reconocer que sus paisanos poseen criterios e intereses tan "bajos", es decir, que no puedan "apreciar como se debe" a los sabios. Con este tipo de actitud, taclear ofrecer un producto que pueda satisfacer una necesidad del prójimo, se vuelve mucho más complicado.
El esquema de colegio/universidad tiende a reconocer lo que sea que denominan como "la excelencia", en donde ésta es evaluada solo como el chequeo de casillas en una lista de requerimientos. Con esto, solo se premia la obediencia. Este ultimo punto no van a reconocer los involucrados con el arte de la ciencia, es un punto frágil en su ego de castillo de naipes.
En cierta forma es triste, porque a pesar de que los eruditos prediquen tener un derecho a independencia y recompensa superiores al resto de la población, son los primeros en volcarse a un esquema de lealtad con tal de conseguir aquello que creen que es más importante que incluso la libertad de quienes les rodea. Luchan por privilegios y tratos especiales ante el resto, realizan marchas multitudinarias ideológicas en donde reclaman su "lugar", desprecian al que está al lado dotándole de pancartas a bajo precio y su vez, piden su reconocimiento. No es casualidad que grandes figuras de las letras y el arte, sumado a científicos, han apoyado regímenes autoritarios y hasta hayan hecho la vista gorda frente a enormes atrocidades que se llevaron la vida de millones de personas en distintas etapas de la historia. A pesar de tener discursos que pretenden ser totalmente entregados al público general, lo contrario es lo que mueve sus músculos: son los más individualistas y quienes más van a buscar su bienestar antes que del prójimo... ¿encuentran similitudes con un político?... yo diría que son más peligrosos que estos últimos ya que los complementan perfectamente en la busca de poder e influencia.
Aunque puede sonar algo pesado el tono con el que estoy diciendo estas palabras, es más bien un reproche a mi yo del pasado, quien era tan tozudo para no parar el carro y observar las señales de tránsito que le indicaban con vehemencia que debe tomar precauciones y seguir ciertas directrices lógicas antes de saltar a conclusiones apresuradas.
Tantos años han pasado y mi perspectiva respecto al manejo del intercambio entre bienes y servicios ha ido evolucionado hasta un punto en el cual soy capaz de observar sus más profundas virtudes y desenmascarar todas las mentiras que se intentan poner sobre la mesa, a veces, faltando a la verdad.
Una manera de no quedarse encerrado dentro de lo que comúnmente conocemos como "burbuja", es tomarse el tiempo de replantearse si aquello que uno ama hacer con enorme pasión realmente contribuye a su entorno más inmediato y si no lo hace, tratar de pulirlo hacia algo que pueda balancear entre criterios intelectuales y eso que satisface una necesidad... para el científico incauto esto puede resultar hasta paradójico, pero insto a tomar el desafío y a reconciliar a la ciencia con sus mecenas.
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