viernes, 19 de abril de 2019

La probabilidad de lo "imposible"

Según la teoría ampliamente aceptada y probada por la comunidad científica el Universo comenzó en una gigantesca "explosión" hace más de 14 mil millones de años, la teoría del Big Bang, y esto dio lugar a todo lo que podemos observar que nos rodea, materia y energía lo cual percibimos gracias a nuestros sentidos y tecnología.
Si asumimos que este comienzo es correcto y considerando lo que la ciencia tradicional sostiene acerca del origen de la vida y por ende del ser humano, llegamos a la conclusión de que no hay un propósito intrínsecamente dispuesto para seguir dentro de este Universo. Todas son reglas o leyes que se cumplen y dan lugar a lo que vemos, todas estas descritas a través de las matemáticas.
Pero, ¿por qué estas leyes? Por qué Pi es 3,1415... y no otro valor? ¿Por qué la constante de Planck tiene ese valor y no otro? Algunos sostienen que tuvo que haber una intervención externa a lo que son nuestras cuatro dimensiones para alterar estos valores, pero eso sería caer en un argumento poco objetivo y con muchas preguntas más, ya que la pregunta acerca del "origen" permanecerá invariable mientras exista una "causa" dentro de este universo como candidata a respuesta de dicho cuestionamiento.
Si descartamos la intervención, ¿entonces qué nos queda?
Quisiera compartir con ustedes la idea o el concepto de un viejo conocido: el infinito.
Las matemáticas, nos muestran el poder del concepto del infinito aplicado en numerosas áreas del conocimiento: nos habla de una cantidad inconcebiblemente enorme y que es imposible saber cuánto es su valor, no tiene fin.
¿Y si dentro de esta definición podemos incluir todas las cantidades posibles de leyes físicas que se nos venga a la mente o que la matemática pueda describir? ¿Hay algo que no permita eso? No, ¿verdad?
Si realizamos un pequeño ejercicio mental llegamos a la intuición de que, al haber una cantidad infinita de realidades posibles, ninguna niega la posibilidad de que en uno de esos universos la gravedad funcione de manera inversa, el número pi tenga otro valor o que la constante de Planck tenga otro valor. Nada limita lo que pueda llegar a suceder dentro de los mismos.
Con el concepto de infinitas posibilidades, podemos también contestar una pregunta como esta:
"¿Por qué hay algo, en vez de nada?" cambiándola por "¿Por qué no debería haber algo?"
Es decir, todo es posible a la vez si tenemos en cuentas numerosas realidades. Nosotros formamos parte de uno de ellos en los que la vida se desarrolló de tal manera que fue posible la existencia de seres racionales capaces de cuestionarse su propio ser. Algo de por sí extraordinario dentro del reino de las posibilidades, pero que tenía que suceder porque nada impide que lo haga.
El Universo donde estamos existe, porque puede existir.
Y, ¿qué somos entonces?
Al plantearme esta pregunta, decido no tratar de responderla desde una perspectiva en la que tenga que satisfacer el ego humano en su intento de darse un valor intrínseco. En cambio, lo veo como una pregunta inválida ya que no existe respuesta para tal. Muchos podrían caer en una depresión ante la ausencia de respuesta, pero eso ya es consecuencia de querer dar significado a su existencia y no debe ser así.
Hablando objetivamente, este universo en el que estamos es nuestro, formamos parte de él, somos la conciencia de él y sólo de él. Eso es enormemente satisfactorio para alguien que busca su lugar o darle un sentido a su vida.
Dentro de este universo, nosotros no tenemos un destino fijado por nadie ni nada. Es más, somos constructores del mismo. Llegamos a un punto en el que podemos atrevernos a responder preguntas que antes eran imposibles incluso de plantear. Hemos llegado tan lejos y aún nos falta mucho recorrido por hacer.
Esta es sólo una propuesta, que creo que cierra varias dudas desde mi punto de vista. Por supuesto, nuevos avances en la búsqueda de la respuesta se realizarán y estaré pendiente de ello.
La búsqueda del conocimiento sigue, seguimos aprendiendo como especie. Espero que algún día la búsqueda sea colectiva y común denominador, así nuevas ideas florecerán.

lunes, 1 de abril de 2019

Dios.

La imagen o figura de un ser superior (omnipotente, omnisciente, omnipresente) ha vagado por la mente del ser humano desde los comienzos mismos de la civilización hasta donde sabemos. Dioses como Zeus, Yaveh, Odín, Ares, Enki entre otros, adornan monumentos y escritos a lo largo y ancho de todas las ciudades alguna vez habitadas por seres humanos.

Pero... ¿por qué?

¿Por qué esa insistencia en tratar de retratar o enaltecer a estos seres fantásticos y poderosos?
Es irónico que el ser humano, en su egoísmo eterno por intentar explicar las cosas, le dote de características humanas y hasta diga que son hechos a imagen y semejanza de esos seres. Enorme megalomanía, ¿no? El humano, al contar con la capacidad de tener conciencia y de razonar, siempre ha intentado darle algún sentido a su existencia... un propósito. En su mente no puede aceptar la indiferencia, que esté aquí solo por casualidad. El humano nació solo... pero la soledad solo se define como la falta de algo que existió alguna vez. ¿Y si nunca existió ese algo?¿Y si siempre estuvimos solos? Inaceptable, tiene que haber un plan... o ¿no?

El Universo en el que estamos, es indiferente a nuestra existencia, no existe un orden cósmico o un plan divino que nos tenga a nosotros como foco de atención. Es momento de madurar y dejar de lado esos pensamientos infantiles que tantos infortunios nos han traído.

"El humano está condenado a vivir una existencia sin sentido", podrás pensar. Es una manera de verlo, podría ser un panorama desesperanzador y hasta solitario, pero no necesariamente debe ser de esa manera.

Verás, al no existir propósito predefinido para nosotros en el Universo, en vez de brindarnos desesperación y tristeza... ¡nos brinda libertad! Libertad para poder hacer lo que nos haga bien sin tener en cuenta algún tipo de castigo divino, es como liberarse de unas ataduras y unas cadenas que nos mantuvieron aprisionados durante tanto tiempo.

Podemos disfrutar de eso que nos hace humanos, poder amar y ser amados sin reparos; compartir y vivir en comunión con aquellos que nos rodean. ¡Ser libres!

Ya no tengamos miedo. Nacimos en una cuna sí, pero crecimos y ya es hora de abandonarla.