Los avances en la neurología en los últimos años han sido muy notorios. Han podido describir cómo funciona el cerebro, cómo interactúa con el medio y recibe estímulos, pero aún no ha dado una respuesta con respecto a qué es la conciencia.
Las neuronas, sus interacciones, transmisión y recepción de información en forma de impulsos eléctricos, son las responsables de nuestros movimientos e interfaz con el mundo. Pero, ¿la conciencia dónde se da? ¿Es algo que surge espontáneamente y tiene lugar en nuestro "plano" o en otro?
Estas son preguntas muy difíciles de responder e incluso tienen la capacidad de complicarse más si se añaden pequeños elementos más como lo es el concepto de "alma", idea milenaria que plantea la existencia de un ente superior al plano físico que se encarga de controlar nuestro cuerpo a medida que nos movemos e interactuamos en el mundo. Si bien es una respuesta satisfactoria para el ojo que busca dar especial privilegio a la mente humana por encima de las otras especies, no pasa las pruebas relacionadas a pensamiento crítico ya que contiene respuestas que tienden más a evadir la pregunta que responderla.
Dejando eso a un lado, basándonos meramente en las partes componentes del cerebro y su analogía con lo que supone la inteligencia artificial que se encuentra en desarrollo hoy día, podemos realizar una inferencia acerca de su naturaleza, sin entrar en demasiados detalles técnicos que no son el propósito de este artículo de opinión.
En Inteligencia Artificial, se hace uso de pequeñas unidades de función matemáticas, llamadas no tan coincidentemente "neuronas", que se encargan de seleccionar la salida más apropiada dado un conjunto en entradas. Dentro de estas neuronas, tenemos operaciones que se encargan de "pesar" la importancia que posee un estímulo frente a otro, para así decidir su incidencia en el resultado final. Una red compuesta por estas neuronas, en donde se encuentran interconectadas entre sí, posibilita el procesamiento de cierto volumen de datos y brindar una salida que satisfaga la solución de un problema. Un ejemplo de esto, puede ser una red neuronal que se encargue de encontrar patrones dentro de distintos garabatos que representan números escritos con diferente tipografía.
Al hacer uso de distintas redes neuronales que se encarguen de la solución de un problema en específico, encontramos un enjambre capaz de realizar diversas funciones dependiendo de la red neuronal seleccionada.
Trasladando estos conceptos mencionados, a la biología, podemos teorizar a la consciencia como un resultado macro de las distintas interacciones que poseemos en el cerebro, cuyas neuronas se comportan de manera similar o mejor que las artificiales. Es decir, la consciencia no es algo que se guarda en un lugar en específico, si bien varias de sus funciones obedecen a zonas específicas, su total y correcto funcionamiento es la suma de todas sus partes.
Sostengo, que la consciencia, es posterior al desarrollo cerebral y una directa consecuencia de ello. Sostengo, que la consciencia, aumenta su capacidad a la par que incrementamos la capacidad de procesamiento de información en el cerebro a través del proceso de aprendizaje. Sostengo, que el cerebro hereda ciertas predisposiciones, que hacen que sea más sencillo el procesamiento de ciertos estímulos externos a medida que avanzan las generaciones en la civilización.
El concepto de consciencia, es el resultado de millones de interacciones neuronales que dan lugar a un ente capaz de plantear evaluaciones a situaciones hipotéticas e incluso imaginar escenarios que jamás existieron en el mundo físico. Esta capacidad, hasta donde tenemos registro, es única a la especie humana y constituye una característica esencial en la naturaleza del ser humano. Valorarlo y explotarlo al máximo, nos lleva a avanzar a ritmos nunca antes vistos y a progresos que beneficien al individuo, y en efecto cadena, a toda la humanidad.
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