Más de uno habrá experimentado momentos en su vida en donde pierde los estribos. Donde las emociones salen a flote y los sentimientos más reprimidos salen a luz. Existe una furia cargada, ¿la sentís?
Bueno, no es de extrañarse dado el ritmo de vida que estamos llevando. Situaciones que piden que actuemos de una manera predeterminada, de una manera esperada o peor aun: de una única manera en la cual vas a ser recompensado. Nos sentimos presionados para abandonar ciertas cosas que conforman lo que es nuestra esencia. Tiene su verdad.
Pero, ¿es sólo culpa del sistema? ¿O de alguna manera tenemos nosotros mismos la culpa de ese sentimiento de insuficiencia e inconformidad con nuestra vida?
A lo largo de la vida, nos enfrentamos a diversas situaciones ya sean placenteras, desafiantes o desagradables. Dichos momentos son parte de lo que moldea nuestro carácter y la forma en la que reaccionamos a los estímulos futuros que se nos presentan. Todos sabemos que es nuestro entorno lo que nos influencia en un grado considerable, pero... ¿Siempre tenemos que dejar que eso sea responsable de cómo somos ahora?
Les quiero hablar acerca de la importancia y el poder que posee la autocrítica sobre la manera de ver las cosas.
Más allá que existan variables que no podamos controlar, tenemos la capacidad de detenernos un instante a pensar en lo que está sucediendo, en calmar esas ganas de patear y mandar todo al infierno y tratar de verlo a través de una perspectiva diferente: Una lección, algo para aprender.
Al principio cuesta, la liberación de eso que está bien pegado a nosotros: el ego. Ese sentimiento de que todo lo que realizás está bien por la simple razón de que vos sos quien lo hace. Cuesta soltar eso que es parte de lo que te hace fuerte, cuesta sentirse de alguna manera vulnerable a los peligros del mundo. Sin darnos cuenta, eso que tanto abrazamos a nosotros mismos, puede llegar a ser un arma de doble filo, capaz de lastimarnos y lastimar a otros de manera que no tenemos idea.
Puedo confesar que me costó bastante, de hecho hasta ahora me es una tarea que requiere algo extra de energía para realizar. Pero a la larga te das cuenta, que es una manera bastante amena de sobrellevar lo que te toca vivir, una manera de liberarte de esa pesada carga que representa ese "Superyo" que tanto alabamos y negamos criticar.
Una vez que podemos mirarnos al espejo a través de una opinión personal crítica, nos damos cuenta que existen un montón de aspectos en nuestra personalidad y/o actitudes que simplemente están mal, miren por donde se los mire. Realizar esto de manera periódica, con paciencia y más que nada con comprensión nos ayuda a construirnos de tal forma que podamos ser mejores personas día a día.
Al realizarlo, no seamos tan duros con nosotros mismos, somos humanos y por defecto podemos equivocarnos. Siempre hay que realizarlo de manera ordenada y de nuevo: con paciencia y comprensión.
El poder decir "Ah no, ésto estoy haciendo mal", esa humildad para aceptar los errores y obrar en consecuencia es lo que al final contribuirá a alcanzar los objetivos y metas que nos propongamos. Esa humildad es lo que nos hace grandes.
Aprender constantemente, es lo que al final nos podrá convertir en maestros y ayudar a quien lo necesite.
A veces, simplemente, el problema somos nosotros.
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